En la más reciente Conferencia de las Partes (COP29), celebrada bajo una intensa expectativa global, los sindicatos internacionales lanzaron un llamado claro y urgente: la financiación destinada a combatir el cambio climático debe priorizar la recuperación y el fortalecimiento de los bienes y servicios públicos esenciales. Esta declaración subraya que enfrentar la emergencia climática no solo depende de soluciones tecnológicas o acuerdos internacionales, sino también de garantizar una base sólida de servicios que apoyen a las comunidades más vulnerables.
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Los bienes y servicios públicos —como el acceso universal a la salud, la educación de calidad, el transporte sostenible y el suministro de agua potable— son fundamentales para construir sociedades resilientes frente a los efectos del cambio climático. Sin embargo, en muchas regiones del mundo, estos servicios han sido erosionados por décadas de desinversión y privatización. Según la declaración sindical, la lucha climática es una oportunidad para revertir esta tendencia y colocar el bienestar público en el centro de la transición ecológica.
El documento también pone el foco en las profundas desigualdades que agravan los impactos del cambio climático, afectando de manera desproporcionada a los países en desarrollo y a las comunidades más empobrecidas. Para abordar este desafío, los sindicatos demandan que los países más ricos y las grandes corporaciones asuman su responsabilidad histórica y financiera. Esto incluye aportar recursos significativos para fortalecer los servicios públicos en las regiones más afectadas y garantizar una transición justa para los trabajadores que dependen de industrias de alto impacto ambiental.
Además, la Declaración Sindical de la COP29 enfatiza que la acción climática debe estar alineada con los principios de justicia social y derechos laborales. Los sindicatos exigen que las políticas climáticas respeten y promuevan empleos dignos, protejan a los trabajadores y eviten la exclusión social. La transición ecológica no debe ser una excusa para precarizar el trabajo ni para perpetuar las desigualdades existentes, sino una oportunidad para reimaginar sociedades más equitativas y sostenibles.
Finalmente, los líderes sindicales recalcan que no es posible hablar de justicia climática sin hablar de servicios públicos fuertes. Estos son la base sobre la cual las comunidades pueden enfrentar desastres naturales, adaptarse a los cambios climáticos y garantizar el bienestar de las generaciones futuras. La COP29 representa, por tanto, un punto de inflexión: los gobiernos y actores internacionales deben comprometerse a una financiación climática que no solo reduzca las emisiones de carbono, sino que también priorice el bienestar de las personas y el planeta.
Con este llamado, la Declaración Sindical se posiciona como una guía ética y práctica para una transición climática inclusiva, justa y sostenible. Ahora queda en manos de los líderes mundiales escuchar y actuar.