Desde la perspectiva laboral, la transición energética, si bien necesaria, presenta riesgos de exacerbar desigualdades y generar impactos socioambientales negativos. Invitada por la Fundación Avina, Sol Klas nos da su testimonio y visión sindical sobre la demanda de minerales, la precarización laboral y la violencia, enfatizando la necesidad de una participación activa de los trabajadores en la construcción de un modelo de desarrollo que integre derechos laborales, justicia social y un ambiente sano, especialmente de cara a la COP-30 en Brasil.
Tuve el privilegio de participar, invitada por la Fundación Avina, en el IX Foro Regional sobre Empresas y Derechos Humanos para América Latina y el Caribe. Mi principal objetivo fue llevar la voz de los sindicatos al debate fundamental sobre la transición energética y sus profundas implicaciones en los derechos humanos, laborales y ambientales.
Desde la óptica sindical, observamos con profunda inquietud cómo la transición hacia una economía verde está, en muchos casos, intensificando las desigualdades y los impactos socioambientales que históricamente han afectado a nuestras comunidades. En las diversas sesiones en las que participé, enfaticé que la creciente demanda de minerales esenciales para la transición energética podría agudizar estos problemas, traduciéndose en un mayor despojo de tierras, contaminación, precarización laboral y un aumento de la violencia contra quienes resisten estos procesos. Los sindicatos no podemos permanecer indiferentes ante esta realidad. Es imperativo que participemos de manera más activa y propositiva en estos espacios de diálogo y toma de decisiones.
Sin embargo, de la escucha atenta a las voces de la sociedad civil y del enriquecedor diálogo que se desarrolló en el foro, emergen caminos y se vislumbran luces de esperanza. Desde nuestra perspectiva, es fundamental combatir la falsa dicotomía que se plantea entre la defensa del trabajo y la protección del ambiente. Debemos liderar la construcción de un modelo de desarrollo que defienda de manera inseparable los derechos laborales, la justicia social y un ambiente sano, pilares fundamentales de una transición energética genuina.
Con la mirada puesta en la COP-30 que se celebrará aquí en Brasil, consideramos crucial que el movimiento sindical intensifique su participación en todos los niveles. Es necesario informar y movilizar a nuestras bases, incidir de manera efectiva en las políticas climáticas y, fundamentalmente, movilizar a la clase trabajadora para exigir y garantizar una transición que sea verdaderamente justa para todos.
Agradezco profundamente a la Fundación Avina la oportunidad de haber participado en este importante foro y de haber conocido a tantas personas comprometidas con esta causa. La tarea que tenemos por delante es desafiante, pero esperamos que en el próximo encuentro podamos compartir resultados concretos y constatar un movimiento sindical cada vez más fortalecido en la lucha por una transición justa.